Diez años han pasado de este milenio...
Hace diez años la vida era tan simple, uno se arropaba en la sencillez como una cobija en un frío invierno. 120 meses de aprendizaje, risas y carcajadas, llantos y suspiros. Tiempo para valorar y para crecer, de grandes cambios y más de lo mismo.
Cuando antes la preocupación consistía en nimiedades y trivialidades, hechos que, aunque ahora insignificantes, marcaban la diferencia en nuestras vidas. El lienzo ahora tiene contenido, donde el blanco tornó claroscuro, y los brotes multicolores abundaron.
La esencia nunca cambia, uno no deja ser quien es, en el fondo. Sin embargo, el cascarón va evolucionando, la mente queda empapada en conocimiento y experiencias, aquellas que te permiten tomar decisiones sabias y tropezar menos en la vida. Las cicatrices te ayudan a recordar, y no cometer los mismos errores.
Es tiempo de cerrar capítulos, concluir etapas, aprender de ellas, y recordar...
Recordar que siempre hay una luz al final del túnel,
Recordar que aquellos que realmente importan estarán ahí a tu lado siempre,
Recordar que al final, el único que vive su vida es uno mismo,
Recordar que lo más importante en esta vida es ser feliz,
Recordar que la felicidad es doblemente satisfactoria cuando la compartes,
Recordar la importancia de la familia, tu sangre.
Sí, quiero cerrar esta década, cerrar mis ojos y recorrer el álbum de mi memoria, reir y llorar, sentir el agridulce de mis recuerdos.
"Soy la armoniosa combinación de las decisiones mi pasado con el potencial de mi futuro, soy quien yo quiero ser, ayer, hoy y, quien sabe, mañana..." - Carlos Emil.
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